COMUNICADO DE PRENSA
Encontramos a la nieta de la primera presidenta de Abuelas.
Las Abuelas de Plaza de Mayo tenemos la inmensa felicidad de anunciar que encontramos a la nieta 115, hija de Héctor Carlos Baratti y de Elena De la Cuadra. Se trata, además, de la nieta de Alicia “Licha” Zubasnabar de De la Cuadra, una de las fundadoras de la Asociación, que lamentablemente falleció en junio de 2008 sin abrazar a su nieta.
Elena estaba embarazada de cinco meses al momento del secuestro. Por testimonios de sobrevivientes, se pudo saber que, el 16 de junio de 1977, dio a luz durante su cautiverio en la Comisaría 5ta de La Plata a una niña a la que llamó Ana Libertad, que hoy recupera la identidad.
La familia
Elena nació el 15 de junio de 1954 en la localidad de Sauce, provincia de Corrientes. Su familia la llamaba “Lena”. Héctor nació en Ensenada, provincia de Buenos Aires, el 27 de marzo de 1949. Sus amigos le decían “Flaco Bara”.
Elena y Héctor militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) y fueron secuestrados por la Policía Bonaerense el 23 de febrero de 1977 en La Plata. Ambos estuvieron detenidos en la Comisaría 5ta., donde nació Ana Libertad. Héctor también fue visto en la Comisaría 8va. de La Plata y Elena posiblemente haya permanecido en el centro clandestino de detención “Pozo de Quilmes”.
Elena continúa desaparecida. Héctor fue asesinado y sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Las familias De la Cuadra y Baratti buscaron siempre a sus seres queridos. La Abuela “Licha”, además, ya había sufrido la desaparición de su hijo Roberto José.
Fue en la casa de Licha donde se produjeron las primeras reuniones de lo que más tarde se conocería como Abuelas de Plaza de Mayo. Al principio fueron doce mujeres pero al poco tiempo éramos muchas más. Licha fue la primera Presidenta de Abuelas y buscó a su nieta desaparecida hasta el día de su muerte.
El caso
En 2010, Abuelas y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) recibieron una denuncia con información sobre una joven que podría ser hija de desaparecidos. Luego de una investigación documental, el caso fue remitido por la Conadi el 26 de febrero de 2013 a la Unidad Especializada en Casos de Apropiación de Niños durante el Terrorismo de Estado, de la Procuración General de la Nación.
Esta Unidad, creada en 2012 a instancias de Abuelas, realizó una investigación preliminar que en agosto de 2013 fue enviada a un juzgado federal, solicitando la extracción de sangre. Al enterarse de la existencia de una causa judicial, la joven llamó a Abuelas para realizarse voluntariamente el análisis genético.
Como se encontraba en el exterior, la extracción se produjo el 25 de abril de este año a través del Consulado del país en el que reside. La muestra llegó el 8 de mayo a la Argentina y fue recibida por la Dirección de Derechos Humanos de la Cancillería. Este organismo la remitió al Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) para efectivizar el estudio.
Ayer, el Banco informó al juzgado que la joven es hija de Héctor Baratti y Elena De la Cuadra. Se preservan los datos de la causa y del juzgado para evitar que trascienda información que podría dañar la privacidad de esta víctima de apropiación.
Destacamos que este es el primer caso investigado por la Unidad especializada en apropiación que finaliza con la restitución de identidad de una de nuestras nietas. Además, evidencia la coordinación de distintos organismos del Estado que trabajaron mancomunadamente para la resolución de este delito de lesa humanidad.
Es inmensa la felicidad que nos produce comunicar la restitución de otra nieta a tan pocos días de la última. Agradecemos a todos aquellos que se hacen eco de esta noticia y reiteramos la importancia que significa para el proceso de restitución, el trabajo responsable de los medios, respetando la intimidad de las víctimas y los datos sensibles para que las investigaciones judiciales lleguen a buen puerto.
Elena y Héctor llamaron a su hija Ana Libertad. Hoy ella logró adquirir ese bien tan preciado que sus padres le desearon con su nombre: bienvenida Ana a tu libertad.
Ciudad de Buenos Aires, 22 de agosto de 2014.
Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional de Bolivia. Personería Jurídica R.S. Nº198543 La Paz 19 de Octubre de 1983. Dirección: Calle Pedro Gracía Nº 2436 - Planta Baja Dpto. "C" Sopocachi - Telefono - Fax (00 591 2) - 2145094 2422410 - Casilla 8821 La Paz - Bolivia.
sábado, 23 de agosto de 2014
martes, 12 de agosto de 2014
Detienen y deportan a un exmilitar argentino
Está relacionado con el Plan Cóndor
Arresto. Páez (izq.) fue presentado el sábado por el ministro Pérez. Foto: Ministerio de gobierno.
01:30 / 11 de agosto de 2014
El Gobierno de Bolivia ha informado este lunes de que ha deportado de su país al exmilitar argentino Jorge Horacio Páez Senestrari, de 68 años, sentenciado en Argentina por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura argentina (1976-1983) y prófugo de la justicia desde 2011.
El titular boliviano de Interior, Jorge Pérez, trasladó en persona a Páez hasta la población fronteriza de Yacuiba para entregarlo a las autoridades de ese país, indica un comunicado de su ministerio. En contra del excapitán existía una "notificación roja" de la Interpol desde 2011. El alto funcionario boliviano entregó a Páez al cónsul argentino en Yacuiba, Ricardo Dinele.
Páez fue arrestado el viernes en el domicilio donde vivía en la avenida del Cambodromo de la ciudad boliviana de Santa Cruz (este), señaló el comunicado. La policía asegura que Páez solo salía del apartamento alquilado una hora al día para abastecerse. El titular de Interior boliviano destacó que el exmilitar "desempeñó una función directa en laOperación Cóndor ", un programa que idearon los dictadores de siete países latinoamericanos - Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay - para detener, torturar y asesinar a sus opositores en las décadas de los 70 y 80.
En Argentina, Páez fue sentenciado a 25 años de prisión por homicidio agravado, violación de domicilio y torturas, indica el comunicado del gobierno de La Paz . Estuvo retenido en una cárcel en la provincia argentina de San Juan a la espera de su juicio, pero un tribunal ordenó su excarcelación en 2011. Cuando Páez faltó a una vista, la Policía emitió una orden para su arresto.
jueves, 7 de agosto de 2014
sábado, 26 de julio de 2014
Encomio de René Bascopé Aspiazu
En la política, en la literatura, y en el exilio. Crónica y memoria de una amistad con diferentes destinos.
Ramón Rocha Monroy / El Ojo de Vidrio

Con René Bascopé nos iniciamos juntos en la narrativa, gracias a una publicación pionera de la UMSA que titula Seis nuevos narradores. Fue un amigo entrañable y me colaboró como director de Literatura en el Instituto Boliviano de Cultura, que estuvo a mi cargo en 1979.
Juntos hicimos cinco grandes festivales de cultura, en los cuales participaron artistas de renombre y ninguno cobró porque no teníamos un puto peso en el presupuesto. Asimismo pasamos juntos las emergencias del golpe de Natusch, cuando trabajábamos todavía en el IBC.
Recuerdo que recogimos una edición clandestina y antigolpista del semanario Aquí de una imprenta ubicada en la calle Illimani y la llevamos en una combi de la IBC a un domicilio donde estaban Luis Espinal, Xavier Albó y otros voluntarios que doblaron esa edición.
Estábamos en la imprenta cuando se escuchó el silbido de los caimanes, que bajaban hacia el estadio de Miraflores, y entonces apagamos máquinas y luces y esperamos a que pasaran en medio de la mayor tensión, porque nos pillaban y no contábamos el cuento.
Al llevar el semanario teníamos que ir por el cuartel Sucre y allí recuerdo que nos interceptó un conscripto, vio el carro oficial y le dije: Aquí controlando el golpe, y así logramos pasar.
Pocos meses después se precipitó el asesinato de Luis Espinal y el rearme del sector duro de las Fuerzas Armadas que planeaban un golpe cantado. La UDP había ganado las elecciones del 80 y ese 15 de julio los paceños celebraban la verbena de vísperas con una euforia renovada.
René y yo éramos jurados del Premio de Cuento de la UTO, en Oruro, y recuerdo que fui primero a La Paz y no pude pasar en taxi la Pérez Velasco porque estaba llena de gente.
Ingresé al café Verona y allí me lo encontré. Dormí en su casa y lo convencí de que fuéramos a Oruro, donde trabajamos en el jurado todo el 16. Me amanecí con Alberto Guerra Gutiérrez y el 17 nos fuimos al restaurante 312 a comer un fricasé. Nos alcanzó René y cuando saboreábamos el uma jampicu llegó un amigo con el pasaporte bajo el brazo, pues se iba a México, y nos avisó que había estallado un golpe de Estado.
René se levantó de inmediato de la mesa y logró tomar la última flota que salió de Oruro, rumbo a La Paz. Todavía tengo el pasaje en ferrobús de aquel aciago 17 de julio de 1980, que me llevaría a Cochabamba a mediodía.
Justo a esa hora llegó René a La Paz, se encaminó a la reunión de la COB, donde debía estar, pero a media cuadra de su destino lo detuvo un transeúnte y le dijo que la sede había sido asaltada y que se hiciera pepa.
René corrió a las oficinas de Aquí, donde había asumido la dirección tras el asesinato de Espinal, pero poco antes de llegar, la dueña de una pequeña tienda le advirtió que los paramilitares lo estaban esperando, y entonces se asiló en la Embajada de México, donde yo llegaría semanas después.
Allí fundamos el Grupo Charles Baudelaire con Rolando Costa Arduz, Coco Manto, Luis Rico, Alfredo Tarazona, René (que andaba en amores, cuándo no), este servidor y Picasso. No olvido la vez que nos colamos al comedor del embajador, sacamos su mejor vajilla para tomar pernod y pasamos toda la noche susurrando brindis, en los cuales el Basquito destacaba por su extraordinaria vena poética.
Su vida, como la de todos, era azarosa durante la dictadura, y no conocíamos más futuro que el presente, hoy libres, mañana detenidos, torturados, muertos o exiliados, como ocurrió cuando nos expulsaron a México.
Vivimos juntos primero en el hotel Francis y luego en Tlalpan. A diario buscábamos trabajo y siempre íbamos juntos. Mario Guzmán Galarza, ex embajador de Bolivia y muy allegado al PRI, nos recomendó a la directora del Museo del Chopo y del periódico Ovaciones, y fuimos a buscarla.
No podía contratarnos en el Museo ni en Ovaciones, pero nos mandó a una especie de Playboy mexicano, que se llamaba Su otro yo, y que en los siguientes meses nos compró relatos eróticos.
Esa mujer, hermosa, era nada menos que Ángeles Mastretta, ya famosa por sus librosMujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, que con el Basquito decíamos riendo “Arráncamela, vida”, porque se ponía risueño y tenía un humor muy ocurrente.
René ganaba además, semana tras semana, un concurso de cuentos de El Nacional, donde yo también intervenía sin el menor resultado. René me decía que mis cuentos no eran malos, pero para ganar un concurso se necesitaba presentar caballos de carrera.
Él siguió ganando y yo perdiendo. Un tiempo trabajamos juntos como correctores en el Fondo de Cultura Económica, donde conseguimos un amigo de confianza, el escritor Felipe Garrido, gerente del Fondo y hoy Premio Xavier Villaurrutia por una vida dedicada a la literatura.
Luego René se fue a trabajar como redactor de El Día, y allí, Gregorio Selser le brindó su abundante archivo para que escribiera La veta blanca, la primera conexión del poder del Estado con el narcotráfico durante la dictadura de Banzer.
Cuando se fue a México creo que ya militaba en el Partido Socialista 1. Tenía una conciencia superlativa de sí mismo y me reprochaba que fuera escalera de base de un partido político.
Allá en México me hablaba de dos cuadros socialistas de primer orden, que enarbolaban las banderas de Marcelo: Cayetano Llobet y Roger Cortez. El primero murió en las antípodas de su antiguo izquierdismo y del segundo no sé nada, quizás porque vivo en Cochabamba.
El René, Basquito, Travolta, Clark Kent, pertenecía a un grupo que se llamaba con humor Los Iracundos, porque todos eran cortos de vista y usaban lentes de grueso carey, entre ellos Jaime Nisttahuz, Édgar Arandia Quiroga, Alfonso Gumucio Dagron, Manuel Vargas y el propio René, que con lentes parecía el ser más inofensivo, pero se los quitaba, como Clark Kent, y tenía una capacidad innata para seducir a las muchachas que se aventuraban a su vera.
La última vez que lo vi gobernaba la UDP y festejábamos en el Hotel Sheraton el primer aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. En el banquete había todas las tendencias de la izquierda partidista y sindical de entonces.
En ese escenario, René me confesó que no había dejado la literatura, pese al momento político, y que había presentado una novela al Premio Erich Guttentag que titulaba La tumba infecunda. Le dije sin asomo de lamento que otra vez me ganaría, como lo había hecho en México, pues yo también había presentado una novela, titulada El run run de la calavera.
El jurado fue inclemente, declaró desierto el primer premio y compartimos el segundo con René. Pasaron unas semanas y murió. La editorial se apuró en editar su novela, pero recuerdo que al año publiqué una columna en la cual invitaba a la misa de cabo de año de mi novela, porque todavía no había sido editada.
Recibí de inmediato una llamada de Werner Guttentag y a poco nos entregaron el premio, tan devaluado, que de los mil dólares originales apenas recibimos al cambio alrededor de 37 pesos bolivianos. En realidad, los recibí yo y la viuda de René, nuestra buena amiga Rosmery Guzmán, a quien le pedí que con el importe le comprara al menos flores, si el monto exiguo alcanzaba para un ramo.
En la política, en la literatura, y en el exilio. Crónica y memoria de una amistad con diferentes destinos.
Ramón Rocha Monroy / El Ojo de Vidrio

Con René Bascopé nos iniciamos juntos en la narrativa, gracias a una publicación pionera de la UMSA que titula Seis nuevos narradores. Fue un amigo entrañable y me colaboró como director de Literatura en el Instituto Boliviano de Cultura, que estuvo a mi cargo en 1979.
Juntos hicimos cinco grandes festivales de cultura, en los cuales participaron artistas de renombre y ninguno cobró porque no teníamos un puto peso en el presupuesto. Asimismo pasamos juntos las emergencias del golpe de Natusch, cuando trabajábamos todavía en el IBC.
Recuerdo que recogimos una edición clandestina y antigolpista del semanario Aquí de una imprenta ubicada en la calle Illimani y la llevamos en una combi de la IBC a un domicilio donde estaban Luis Espinal, Xavier Albó y otros voluntarios que doblaron esa edición.
Estábamos en la imprenta cuando se escuchó el silbido de los caimanes, que bajaban hacia el estadio de Miraflores, y entonces apagamos máquinas y luces y esperamos a que pasaran en medio de la mayor tensión, porque nos pillaban y no contábamos el cuento.
Al llevar el semanario teníamos que ir por el cuartel Sucre y allí recuerdo que nos interceptó un conscripto, vio el carro oficial y le dije: Aquí controlando el golpe, y así logramos pasar.
Pocos meses después se precipitó el asesinato de Luis Espinal y el rearme del sector duro de las Fuerzas Armadas que planeaban un golpe cantado. La UDP había ganado las elecciones del 80 y ese 15 de julio los paceños celebraban la verbena de vísperas con una euforia renovada.
René y yo éramos jurados del Premio de Cuento de la UTO, en Oruro, y recuerdo que fui primero a La Paz y no pude pasar en taxi la Pérez Velasco porque estaba llena de gente.
Ingresé al café Verona y allí me lo encontré. Dormí en su casa y lo convencí de que fuéramos a Oruro, donde trabajamos en el jurado todo el 16. Me amanecí con Alberto Guerra Gutiérrez y el 17 nos fuimos al restaurante 312 a comer un fricasé. Nos alcanzó René y cuando saboreábamos el uma jampicu llegó un amigo con el pasaporte bajo el brazo, pues se iba a México, y nos avisó que había estallado un golpe de Estado.
René se levantó de inmediato de la mesa y logró tomar la última flota que salió de Oruro, rumbo a La Paz. Todavía tengo el pasaje en ferrobús de aquel aciago 17 de julio de 1980, que me llevaría a Cochabamba a mediodía.
Justo a esa hora llegó René a La Paz, se encaminó a la reunión de la COB, donde debía estar, pero a media cuadra de su destino lo detuvo un transeúnte y le dijo que la sede había sido asaltada y que se hiciera pepa.
René corrió a las oficinas de Aquí, donde había asumido la dirección tras el asesinato de Espinal, pero poco antes de llegar, la dueña de una pequeña tienda le advirtió que los paramilitares lo estaban esperando, y entonces se asiló en la Embajada de México, donde yo llegaría semanas después.
Allí fundamos el Grupo Charles Baudelaire con Rolando Costa Arduz, Coco Manto, Luis Rico, Alfredo Tarazona, René (que andaba en amores, cuándo no), este servidor y Picasso. No olvido la vez que nos colamos al comedor del embajador, sacamos su mejor vajilla para tomar pernod y pasamos toda la noche susurrando brindis, en los cuales el Basquito destacaba por su extraordinaria vena poética.
Su vida, como la de todos, era azarosa durante la dictadura, y no conocíamos más futuro que el presente, hoy libres, mañana detenidos, torturados, muertos o exiliados, como ocurrió cuando nos expulsaron a México.
Vivimos juntos primero en el hotel Francis y luego en Tlalpan. A diario buscábamos trabajo y siempre íbamos juntos. Mario Guzmán Galarza, ex embajador de Bolivia y muy allegado al PRI, nos recomendó a la directora del Museo del Chopo y del periódico Ovaciones, y fuimos a buscarla.
No podía contratarnos en el Museo ni en Ovaciones, pero nos mandó a una especie de Playboy mexicano, que se llamaba Su otro yo, y que en los siguientes meses nos compró relatos eróticos.
Esa mujer, hermosa, era nada menos que Ángeles Mastretta, ya famosa por sus librosMujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, que con el Basquito decíamos riendo “Arráncamela, vida”, porque se ponía risueño y tenía un humor muy ocurrente.
René ganaba además, semana tras semana, un concurso de cuentos de El Nacional, donde yo también intervenía sin el menor resultado. René me decía que mis cuentos no eran malos, pero para ganar un concurso se necesitaba presentar caballos de carrera.
Él siguió ganando y yo perdiendo. Un tiempo trabajamos juntos como correctores en el Fondo de Cultura Económica, donde conseguimos un amigo de confianza, el escritor Felipe Garrido, gerente del Fondo y hoy Premio Xavier Villaurrutia por una vida dedicada a la literatura.
Luego René se fue a trabajar como redactor de El Día, y allí, Gregorio Selser le brindó su abundante archivo para que escribiera La veta blanca, la primera conexión del poder del Estado con el narcotráfico durante la dictadura de Banzer.
Cuando se fue a México creo que ya militaba en el Partido Socialista 1. Tenía una conciencia superlativa de sí mismo y me reprochaba que fuera escalera de base de un partido político.
Allá en México me hablaba de dos cuadros socialistas de primer orden, que enarbolaban las banderas de Marcelo: Cayetano Llobet y Roger Cortez. El primero murió en las antípodas de su antiguo izquierdismo y del segundo no sé nada, quizás porque vivo en Cochabamba.
El René, Basquito, Travolta, Clark Kent, pertenecía a un grupo que se llamaba con humor Los Iracundos, porque todos eran cortos de vista y usaban lentes de grueso carey, entre ellos Jaime Nisttahuz, Édgar Arandia Quiroga, Alfonso Gumucio Dagron, Manuel Vargas y el propio René, que con lentes parecía el ser más inofensivo, pero se los quitaba, como Clark Kent, y tenía una capacidad innata para seducir a las muchachas que se aventuraban a su vera.
La última vez que lo vi gobernaba la UDP y festejábamos en el Hotel Sheraton el primer aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. En el banquete había todas las tendencias de la izquierda partidista y sindical de entonces.
En ese escenario, René me confesó que no había dejado la literatura, pese al momento político, y que había presentado una novela al Premio Erich Guttentag que titulaba La tumba infecunda. Le dije sin asomo de lamento que otra vez me ganaría, como lo había hecho en México, pues yo también había presentado una novela, titulada El run run de la calavera.
El jurado fue inclemente, declaró desierto el primer premio y compartimos el segundo con René. Pasaron unas semanas y murió. La editorial se apuró en editar su novela, pero recuerdo que al año publiqué una columna en la cual invitaba a la misa de cabo de año de mi novela, porque todavía no había sido editada.
Recibí de inmediato una llamada de Werner Guttentag y a poco nos entregaron el premio, tan devaluado, que de los mil dólares originales apenas recibimos al cambio alrededor de 37 pesos bolivianos. En realidad, los recibí yo y la viuda de René, nuestra buena amiga Rosmery Guzmán, a quien le pedí que con el importe le comprara al menos flores, si el monto exiguo alcanzaba para un ramo.
martes, 15 de julio de 2014
COMUNICADO 17 DE JULIO
MARCHA RECORDANDO 34 AÑOS DEL COBARDE GOLPE
DE LUIS GARCÍA MEZA TEJADA EN 1980
NI OLVIDO NI PERDÓN... ¡JUSTICIA!
miércoles, 9 de julio de 2014
30 años del EAAF
“Estos 30 años del EAAF son un hito en nuestra historia de militancia”
Lo dijo la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, en la conmemoración por los treinta años del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en la Biblioteca Nacional. Del acto participaron Luis Frondebrider, presidente del EAAF y Martín Fresneda, secretario de Derechos Humanos.
Por: Hernando Flórez
Un murmullo de voces esperaba a Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, en la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional. Más de cien personas estaban reunidas para conmemorar los 30 años del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Desde arriba, sólo se veían pañoletas y cabezas blancas en la primera fila. Era como una reunión de viejos amigos donde todos se saludaban efusivos. Cuando Estela comenzó a hablar, el murmullo se apagó. “La alegría de festejar estos 30 es un hito en nuestra historia de militancia para hacer posible el Nunca más”. La gente aplaudió durante varios segundos.
Ella estaba impecable: Un tapado rojo con un prendedor brillante al lado izquierdo, el pelo blanco y una sonrisa imborrable. La acompañaban Luis Frondebrider, Presidente del Equipo Argentino de Antropología Forense; Maribel García, vicepresidenta de Madres de plaza de Mayo, línea fundadora; Raúl Carnese, profesor de la Universidad de Buenos Aires; Martín Fresneda, secretario de Derechos Humanos de la Nación y David Morales, procurador general de Derechos Humanos de El Salvador.
Todos iban a celebrar el trabajo deL EAAF, una asociación civil sin ánimos de lucro que tiene como fin practicar “la antropología forense aplicada a los casos de violencia de Estado, violación de derechos humanos y delitos de lesa humanidad”. Desde su constitución, en 1984, han trabajado en más de 50 países cumpliendo su misión, y aunque prefieren el bajo perfil, su nombre ha emergido en casos célebres como el de El Che Guevara, Azucena Villaflor y Marcelo Gelman.
“Hoy me toca hablar como secretario pero hace diez años hablé como hijo”, dijo Martín Fresneda. “En ese entonces dije: qué curioso, un grupo de personas recopilando huesos. Qué difícil que tengamos que recuperar la memoria de la propia muerte”.
“En El Salvador, investigar las violaciones de los militares era un tabú. Cuando llegaron los miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense, gracias a el llamado de la histórica luchadora Julia Hernández, recibimos una lección”, contó el Procurador salvadoreño David Morales.
“Ellos nos enseñaron que hay que vincular a los familiares de las víctimas y que el trabajo forense se hace con mucha rigurosidad científica, pero también con humanidad”.
El profesor Raúl Carnese habló sobre la década del 80. “Se comenzaron a denunciar cementerios donde se observaban restos de N.N., entonces el poder judicial y la policía disparaban balas mecánicas sobre los cuerpos para deshacer cualquier evidencia. Uno de los aportes del EAAF fue incluir métodos de la antropología biológica y la arqueología para conservar los restos y permitir una futura investigación”.
Los huesos que hablan
Sobre las cabezas de los invitados habían pasado las imágenes de Clyde Snow, el fundador del EAAF, quien murió este año. Las fotografías lo mostraban excavando, instruyendo, escuchando y siempre rodeado de jóvenes. En Argentina, 1986; Bolivia, 1987 y Cementerio de Avellaneda, 1988 se veía a un hombre maduro, y vigoroso, con la energía de quien avanza.
Luis Frondebrider, quien estuvo en el grupo desde los primeros meses y hoy ejerce como presidente, lo recordó como un maestro. “Snow nos contuvo emocionalmente en los primeros años de incertidumbre. Siempre fue un hombre que creía profundamente en que su objetividad científica ayudaba en la búsqueda de la verdad”.
La primera de las fotos mostraba jóvenes risueños empuñando palustres en lo alto. Tras ellos, Snow, un hombre grande con lentes. Era una foto veraniega. “Clyde Snow siempre manifestó el deseo de hacer algo por identificar a los hijos. Él exhumó el cuerpo de mi hija Laura en el Cementerio de La Plata en1985. Clyde me llamó aparte y me dijo: ‘Estela, tú eres abuela’. No me pude contener”.
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“Durante los primeros años no contamos con el apoyo del Estado ni de la Universidad. Recién en el 2003 la política de verdad y justicia se hizo presente”, contó Frondebrider. “Creemos que esta tarea es un proceso colectivo de la sociedad civil y el Estado. Si bien sabemos que destruir es más fácil que reconstruir, no podemos desalentarnos y no podemos renunciar a la búsqueda de la verdad”. Concluyó y el publicó volvió a reventar en aplausos.
Al final, cuando abrieron el micrófono al publico, un señor grande de pelo blanco sentado en la primera fila volvió a dejar la sala en silencio: “Todos coinciden en que los huesos hablan y tienen razón, cómo no van a hablar si a mi hijo de 17 años le pegaron seis tiros en la cara y gracias al reconocimiento de sus huesos pudimos enjuiciar a los culpables”.
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lunes, 23 de junio de 2014
CINE 6 DE AGOSTO del 24 al 26 de Junio
CICLO DE CINE
PLAN CÓNDOR: UNA DEUDA PENDIENTE EN AMÉRICA LATINA Y BOLIVIA
ACTO DE INAUGURACIÓN CON LA PRESENCIA DE LAS EMBAJADAS HERMANAS DE ARGENTINA Y URUGUAY
COMUNIDAD INTI PAXSI AMENIZANDO
LA INAUGURACIÓN CON PERCUSIONES EN VIVO
EL DÚO NEGRO Y BLANCO
OFRECIENDO CANCIONES DE CONTENIDO SOCIAL
LOS ESTUDIANTES VIENDO LA MUESTRA DE
AFICHES DE ASOFAMD
FUNCIÓN MATINAL COMPLETAMENTE LLENA
ALGUNAS IMPRESIONES AL FINALIZAR LAS PELÍCULAS
Programa:
lunes, 2 de junio de 2014
martes, 27 de mayo de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
Murió Clyde Snow, el fundador del Equipo Argentino de Antropología Forense
El experto estadounidense falleció a los 86 años. Las exhumaciones que hizo fueron cruciales para la búsqueda de nietos y los juicios por delitos de lesa humanidad.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) expresó su pesar por la muerte del antropólogo estadounidense Clyde Snow, miembro fundador del grupo que trabaja en la identificación de los restos de víctimas de violaciones de Derechos Humanos. .
"Con profundo pesar el EAAF desea informar que el 16 de mayo, en horas de la madrugada, falleció el doctor Clyde Snow, antropólogo forense norteamericano que dedicó su vida a la aplicación de las ciencias forenses a la investigación de violaciones de Derechos Humanos, su visión y su gran corazón cambió el mundo", informó el Equipo en un comunicado.
El EAAF subrayó el "privilegio de haber sido entrenados por Snow" y por "haber compartido con él 30 años de trabajo en Argentina, Chile, Perú, El Salvador y Guatemala, entre otros" países.
"Familias de personas desaparecidas y asesinadas en conflictos alrededor del mundo encontraron en Snow laposibilidad de una investigación forense independiente, la identificación de los restos de sus seres queridos y el aporte de pruebas a la justicia", agregó el documento.
Abuelas de Plaza de Mayo también despidieron a su "amigo Clyde Snow". Fue "un hombre comprometido con nuestra lucha y que, con su saber, realizó un aporte fundamental para la identificación de nuestros hijos e hijas desaparecidas. A mediados de los ochenta, Clyde Snow fundó el Equipo Argentino de Antropología Forense y nos dio, entonces, herramientas para comprobar científicamente si nuestras hijas embarazadas habían dado a luz a nuestros nietos", explicaron.
Snow, nacido en Texas en 1928, trabajó en las investigaciones de casos como el asesinato del presidente John F. Kennedy, el faraón Tutankamón o de víctimas de Josef Mengele.
A principios de los años 80, centró su trabajo en la colaboración con organizaciones de Derechos Humanos, con especial atención a la situación de la Argentina tras la dictadura militar (1976-1983), y en 1984, a iniciativa de las Madres de Plaza de Mayo, fundó el grupo inicial del Equipo Argentino de Antropología Forense, cuyo éxito llevó a la creación de uno similar en Guatemala en 1991.
Participó también, en Bolivia, en la búsqueda de los restos de Butch Cassidy y Sundance Kid, y en la identificación de cuerpos hallados en fosas comunes en Yugoslavia.
martes, 20 de mayo de 2014
miércoles, 30 de abril de 2014
Brasil: Matan a coronel que confesó torturas durante dictadura
Paulo Malhães reveló sus asesinatos hace un mes ante la Comisión Nacional de la Verdad
Foto: Reuters.
Río de Janeiro, Reuters
Hace un mes, el coronel retirado del Ejército brasileño Paulo Malhães declaró con orgullo que durante la dictadura militar que gobernó su país entre 1964 y 1985 torturó hasta la muerte a personas de izquierda, a quienes les cortaron las manos para evitar que sus cuerpos fueran identificados.
"Torturé a todos los que tenía que hacerlo", dijo Malhaes, de 76 años, a una comisión especial que investiga los crímenes cometidos por los militares durante la época.
"Es difícil decir cuántos (víctimas) fueron, pero fueron muchos", agregó.
A última hora del jueves, Malhães fue encontrado muerto, boca abajo y con signos de asfixia, después de que tres hombres irrumpieron en su casa en las afueras de Río de Janeiro.
La policía investiga si el crimen fue resultado de un robo o de un acto de venganza política. Sin embargo, los miembros de la denominada Comisión Nacional de la Verdad, que investiga abusos de militares en dictadura, ya temen que la muerte de Malhães disuadirá a otros testigos a presentarse ante la justicia.
"Algunas personas ahora tienen miedo", dijo la abogada Rosa Cardoso, una de las líderes de la comisión.
"Va a hacer que nuestro trabajo sea más difícil, al menos por un tiempo", agregó.
La comisión fue creada en el 2011 por la presidenta Dilma Rousseff, una ex guerrillera izquierdista que fue encarcelada y torturada por los militares durante la década de 1970.
La misión del grupo es descubrir nueva información sobre la muerte de más de 300 brasileños durante la dictadura y sobre los miles de personas que fueron torturadas. La comisión no puede enjuiciar penalmente a nadie en base a sus resultados debido a una ley de amnistía de 1979.
Pero a pesar de sus limitadas facultades, las tensiones han ido en aumento, en momentos en que la Comisión de la Verdad se prepara para presentar formalmente sus conclusiones en diciembre.
El grupo ha escuchado los testimonios y documentos que indican que la tortura fue mucho más generalizada que lo conocido, según investigadores.
Cardoso y otros abogados han cuestionado la validez de la ley de amnistía de 1979 y han expresado su esperanza de que las conclusiones de su informe aumentarán la presión del público para que pueda ser modificada o revocada.
En ese contexto, el testimonio de Malhães y otros podría representar un peligro para los numerosos ex soldados que todavía están vivos. A diferencia de otros países sudamericanos como Argentina o Chile, los militares brasileños nunca enfrentaron juicio por torturas o muertes.
CASA DE LA MUERTE
Malhães, quien dijo que trabajó en un centro de tortura militar conocido como la Casa de la Muerte, en las afueras de Río de Janeiro, nombró a por lo menos dos de los oficiales superiores que le daban órdenes al testificar durante varias horas ante la comisión el 25 de marzo.
"El tenía mucho más qué contar. Mucha gente tenía razones para querer cerrarle la boca", dijo Alvaro Caldas, un ex periodista y miembro de una comisión paralela que analiza sólo los delitos en el estado de Río de Janeiro.
La Comisión Nacional de la Verdad ha pedido a la Policía Federal ayudar a los funcionarios locales en su investigación y determinar si el ataque tuvo motivaciones políticas.
Los tres asaltantes estaban esperando dentro de la casa cuando Malhães y su esposa regresaron la tarde del jueves, dijo la policía. Después de pasar más de ocho horas en la vivienda, dejaron el cadáver del coronel retirado en el piso y se llevaron las armas, dinero en efectivo y computadoras, informó la policía.
Los asaltantes utilizaron radios para comunicarse entre sí y hablaron abiertamente de "una orden de matar" a Malhães, dijo a periodistas este fin de semana su ahijado Joaquim Souza, quien reveló que esta información la recibió de la esposa de Malhães, la que sobrevivió al ataque.
Un informe de la autopsia publicado el sábado indicó que Malhães pudo haber muerto de un ataque al corazón durante el asalto, aunque los médicos y la policía dijeron que era necesaria tener más antecedentes.
Rosa Cardoso, integrante de Comisión de la Verdad, dijo que el grupo cree que el ataque podría haber sido ordenado por soldados en retiro o podría haber sido una venganza de alguien molesto por la aparente falta de remordimiento de Malhães durante su testimonio el mes pasado.
También podría tratarse de un delito común, agregó.
"Ahora tenemos que esperar a ver qué encuentra la policía",sostuvo Cardoso. "Mientras tanto, nuestro trabajo no será fácil".
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